miércoles, 6 de marzo de 2013

¿QUIÉN CREÓ A DIOS?

Greta tiene cuarenta y todos años. Me dice que no puede más. Que le va a explotar la cabeza de tanto pensar y de tanto sufrir. Hace tres años que uno de los mejores especialistas en la materia le ha diagnosticado una bipolaridad. Sus antecedentes familiares y sus repetitivos estados depresivos la llevaron a sospechar de que su malestar existencial iba más allá de un desánimo crónico. Desde que tiene el dictamen en el bolsillo se mueve entre dos aguas. Por una parte, Greta ha conseguido entender las causas de su deriva vital, el porqué de tantas idas y venidas, de tantos compromisos incumplidos y de tantos proyectos evaporados. Por otra parte, la cabeza de Greta se ha convertido en el enemigo a batir. "Si mi mente me ha estado traicionando todos estos años, —me confiesa angustiada—, ¿como puedo confiar en ella para que me saque de este laberinto? ¿Quién ha vivido mi vida, yo o mi enfermedad?"

Sus preguntas me hielan el ánimo. Como no tengo respuestas la invito a respirar. Es el único camino que se me ocurre para sacarla de la trampa que le ha tendido el pensamiento. Sin embargo, ella quiere pelea. Quiere saber qué va a ser de ella. Si podrá tener una vida en pareja. Si podrá armonizar sus vaivenes anímicos con alguna actividad que le permita alguna recompensa, no ya en forma de dinero, sino en forma de reconocimiento ajeno. Si podrá reprimir los deseos de sacarse de en medio.

Si podrá.

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