lunes, 18 de febrero de 2013

OUBLIEZ TOUT CE QUI S'EST PASSÉ

Gracias a las confesiones que me han hecho varios amigos y conocidos a lo largo de casi veinte años en silla de ruedas, puedo concluir que las dos preguntas más recurrentes que se hace la gente que me conoce por primera vez, independientemente del sexo que sean, son:
    —¿Cuál es la causa de mi tetraplejia?
    —¿Cómo me las arreglo para tener relaciones sexuales?

En este post me centraré en dar una pequeña pincelada sobre la segunda cuestión. Para empezar diré que la tetraplejia es un tipo de lesión medular que afecta, en mayor o menor medida, a la funcionalidad del tronco y las cuatro extremidades. El grado de afectación corporal depende del nivel en que se ha producido la lesión. La más severa es la que sufrió Christopher Reeve tras caerse de un caballo. El famoso actor se rompió la columna vertebral al nivel de la segunda cervical y no solo perdió la función motora y sensora de su cuerpo desde el cuello hasta los pies sino que, mientras vivió, necesitó de un respirador artificial para bombearle oxígeno a los pulmones. En mi caso, la lesión me permite respirar autónomamente y mover los hombros y determinados músculos de mis brazos, pero me impide mover los dedos de las manos y cualquier otro músculo desde el pecho hacia abajo. En cuanto a la sensibilidad se refiere, mi cuerpo solo es capaz de sentir al cien por cien de su capacidad en un dedo de la mano, en determinadas partes de los brazos y en cualquier zona que esté localizada por encima de mi pecho.

Las repercusiones de la tetraplejia en mi sexualidad son obvias: ni tengo erecciones ni puedo eyacular ni tengo sensibilidad en la zona genital. Esto me convierte en un impotente y en un frígido, pero, al contrario de lo que pensé durante los primeros años de lesión, y quizá piensen muchas de las personas que me conocen por primera vez, no me convierte en una persona asexuada (con todo el respeto para quienes se declaran así). Tendemos a confundir la sexualidad con la genitalidad. De esta manera, muchos hombres que, como yo, no tienen habilitada la función genital o la tienen averiada (gatillazos, cavernitis fibrosa y demás incomodidades) tienden a ponerse en duda como entes sexuales por el mero hecho de no ser capaces de alcanzar la penetración o por no tener el vigor necesario para mantener la rigidez del miembro hasta el éxtasis de su pareja.

La gran lección que me ha dado la tetraplejia en el ámbito de la sexualidad es que la ausencia de pene no implica la ausencia de sexo. Eso sí, para construirme como individuo sexuado tuve que hacer un desaprendizaje de todas las querencias que había grabado en mi manual de conducta amatoria a lo largo de mis años de 'pene-centrismo'. Hoy en día mis relaciones sexuales no tienen ni la urgencia ni la presión para cumplir con el deber que se supone a todo macho, es decir, la penetración. Una vez liberado de este lastre, mis interacciones íntimas son, ante todo, un diálogo corporal, una búsqueda del placer en zonas, ámbitos y situaciones que cambian en función de la persona con la que estoy conversando.

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