jueves, 15 de noviembre de 2012

LA PUERTA DE ATRÁS

Mamá, papá,

Esta noche no vendré a dormir. Y la próxima, tampoco. Ni la otra. Ni ninguna de las noches de la semana que viene. De hecho, no sé si algún día volveré a dormir en vuestra casa. Sí, he dicho bien. Vuestra casa. Vuestra residencia familiar. Vuestro palacio. Llamadle como queráis, pero sabed que este lugar al que llamáis hogar ya no es el mío. De hecho, nunca lo fue. Quizás por eso me cuesta tan poco hacer la maleta. Me voy a respirar un poco, lejos de vuestro dinero y vuestra reputación. Porque si sigo aquí, bajo este océano de normas y falsedades, me ahogaré. Me desintegraré. Me voy para dejar de ser la fuente de vuestras preocupaciones y para que podáis seguir interpretando sin interferencias el papel de familia feliz. Estoy tiesa de tanto fingir. Me he quedado sin palabras de tanto callar. 'No hagas esto'. 'No vayas allí'. 'No salgas con este'. No, no, no. Vuestra afición por la negación ha acabado por borrarme del mapa. Ya no sé quién soy. Y estoy a punto de no saber lo que quiero. Y vosotros no deseáis esto para vuestra hija, ¿verdad?  Vosotros y vuestra religión queréis que sea una mujer de bien. Pues sabed que el bien para mí, ahora que tengo la ley de mi parte, pasa por abandonar este infierno y perderme en algún lugar donde empezar a encontrarme.


Vuestra hija

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