lunes, 26 de noviembre de 2012

CONFESIONES EN EL TREN

El vagón está medio vacío. Un grupo de juerguistas duermen la resaca del fin de semana en los asientos de atrás. A mi izquierda, dos azafatas extranjeras apuran el reposo antes de subirse al taxi que las llevará al aeropuerto. La película que pasan en los monitores de plasma está llegando a su fin. Cuando llegan los créditos, giro la cabeza hacia la ventana para disimular el llanto. La noche esconde el paisaje. Al rato, aún con los ojos húmedos, miro hacia la siniestra y cruzo la mirada con la azafata más atractiva. Ella no quiere fingir la emoción. Al contrario, aprovecha la llorera para compartir el sentimiento. '¡Qué bonita! —dice en un inglés perfecto—, siempre que la veo me pongo así'. Empezamos a hablar de la película, de la superación, de la discapacidad. Sin buscarlo, nos ponemos a hablar del amor. De lo difícil que es encontrar una persona que nos complete. De pronto, la chica retoma el llanto con ganas. Mientras se seca la cara con un pañuelo de papel, se acerca a mi asiento y me cuenta en voz baja su historia.

'Hace diez años me enamoré de Carl, un ucraniano que conocí en el trabajo. Fue un amor a primera vista, de aquellos que sirven para perpetuar el mito. Me costó nada saber que era mi hombre. A su lado mi vida era más fácil. Más todo. Al cabo de unos meses de casarnos, un brote esquizofrénico se interpuso entre los dos. Ingresos, médicos, terapias, pastillas. Un infierno. Su familia me lo quitó de las manos y lo encarceló en una centro psiquiátrico de su país sin darme ninguna opción para hablar con él. 'Prescripción médica' —mintieron. Tardé algunas semanas antes de recoger el dinero y el valor para ir a Kiev. Allí, menos prostituirme, hice de todo para encontrar el hospital. Finalmente, con la presencia de un celador, pude tener una conversación con Carl. La enfermedad y los fármacos se lo habían llevado. Sin embargo, en el fondo de su mirada encontré una brizna de esperanza que es la que hoy aún me mantiene con vida.'

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno seguir reconociéndose en el fondo de una mirada...

Bulderban dijo...

Gracias Francesc, algo precioso en el día necesario. Un abrazo fuerte, Esteban

Francesc Granja dijo...

Anónimo y Esteban, gracias por vuestra visita y vuestro comentario.