lunes, 9 de julio de 2012

POR FIN (5)



En el mismo momento en que podía conectar con la bondad básica de mis clientes –el anhelo y la predisposición a ser quien uno es y a conectar plenamente con la vida–, no como un ideal ni como un mero pensamiento positivo, sino como una realidad viva, podía crear una especie de alianza con el núcleo esencial de salud que descansa en cada uno de nosotros. Y en tal caso podía ayudarles a permanecer consigo y atravesar cualquier cosa que estuvieran experimentando, por más terrible que pudiera parecer. (...) De este modo, el hecho de establecer contacto con la bondad básica que subyace a sus conflictos me permite conectar con la profunda vitalidad que circula en su interior y se mueve entre nosotros en el momento presente, lo que hace posible una conexión de corazón que alienta la auténtica transformación. 
Cuando estamos trabajando, la conciencia de mi cliente y mi propia conciencia son los dos extremos del mismo continuo. Y, aunque esto pueda parecer un tanto extraño y místico, lo cierto es que tiene un sentido muy práctico. El miedo es esencialmente miedo, la inseguridad es esencialmente inseguridad y el deseo bloqueado es deseo bloqueado, aunque puedan asumir multitud de formas y significados en el caso de individuos diferentes. Así pues, la comprensión de que comparto la misma conciencia con mis clientes me ayuda a abrir mi corazón y no cerrarme a una posición de distancia clínica.

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