viernes, 6 de julio de 2012

EL ÚLTIMO APOCALIPSIS


En las pasadas elecciones andaluzas el PP consiguió una victoria tan ajustada que le impidió formar un gobierno de mayoría. Al confirmarse los resultados, el periodista Pedro J. Ramírez escribió en su cuenta de Twitter: "Lo ocurrido en Andalucía complica mucho la política de ajuste de Rajoy y acerca a España a un escenario de rescate y economía intervenida." Cuando leí el texto me enervé. El tono del titular escondía un patrón que, desafortunada e inevitablemente, se ha convertido en un arma habitual de destrucción masiva: el miedo. El tiempo ha confirmado que el rescate español no tiene ninguna relación causa-efecto con lo ocurrido en Andalucía. Y ahora que se saben los hechos conviene, en mi opinión, volver un momento al pasado para reflexionar sobre el venenoso poder que pueden ejercer determinados políticos, periodistas o tertulianos cuando tiran del miedo para defender sus ideas o decisiones.

Tomar conciencia, para mí, es también un ejercicio de destilación de los mensajes que nos llegan del exterior. Hay mucho dinero, mucho poder en juego y quienes lo persiguen apelan a cualquier argumento sin ningún tipo de escrúpulos. El miedo, la codicia o el egoísmo son emociones que, si se apoderan de nuestra voluntad, nos convierten en seres muy vulnerables. Por eso resulta tan poderoso aprender a permanecer en nuestro centro. Ahí, plantados, no hay nada ni nadie que nos pueda mover. En ese lugar tenemos la capacidad de ver venir el miedo, dejar que nos atraviese y permitir que se vaya sin habernos afectado lo más mínimo.

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