martes, 5 de junio de 2012

APRENDER A PEDIR, APRENDER A RECIBIR


La gran lección vital que me ha dado la tetraplejia es, sin ninguna duda, la de aprender a pedir. Además de todo el listado de asistencias que recibo de mis cuidadores desde que me levanto hasta que me acuesto y que no las incluyo en la categoría de pedido porque llevan implícitas una contraprestación económica, hay una multitud de pequeñas ayudas anónimas y altruistas que recibo de mis familiares, amigos, vecinos y conciudadanos sin las que mi día a día sería bastante más miserable. Subir al autobús, cortar una pechuga de pollo, remontar un rampa del paso de peatones, azucarar el café, alcanzar una lata de la estantería superior del súper. Tengo acumulados millones de favores, millones de gestos que empezaron en un 'por favor' y acabaron en un 'gracias'. Todos ellos, actos solidarios que hablan de la infinita bondad del ser humano.

Antes de la lesión, fui, entre otras cosas, un ejecutivo agresivo, perfeccionista y auto suficiente. También era un 'ayudador' que colaboraba en lo que me pidieran. Una conversación, una mudanza, un business plan. No tenía un no para el otro, fuera cual fuera la solicitud y fuera cual fuera mi motivación hacia ella. Sin embargo, cuando me ponía enfermo o me encasquillaba en alguna relación de pareja o necesitaba una taladradora para colgar un cuadro era incapaz de pedir auxilio. Incapaz e inexperto. Ya en la silla de ruedas, aún estuve varios años empeñado en querer mantener mi auto suficiencia en determinadas circunstancias. Por ejemplo, prefería llamar a mi ayudante antes que 'rebajarme' a pedirle a un amigo que me vaciara la bolsa de orina en el baño del restaurante o que me ayudara a acostarme tras una noche de juerga.

Eso, afortunadamente, pertenece al pasado. Y digo afortunadamente porque, como decía al principio, mi vida ha cambiado desde que aprendí a recibir. Con los años he entendido que para saber Amar también hay que saber pedir. Saber ver al otro como una posibilidad para que muestre su lado bondadoso. Saberse ver a uno mismo como un ser merecedor de esa ayuda.

3 comentarios:

Caba Robletto dijo...

Excelente relato, donde descubre a su Autor y nos "traspasa" con su humildad (aprender a recibir) enseñándonos a vernos reflejado entre los demás, para así, guardar la capacidad de decidir ¿Cuando y Como?, pedir para recibir y agradecer al mismo tiempo que ambos se colocan en el mismo plano.

Abrazos, Ramón

Francesc Granja dijo...

Ramón, exacto. Quien se ofrece no es ni más ni menos que quien pide. Ambos, como sabiamente dices, se colocan en el mismo plano.

ISABEL dijo...

DOY BUENA FE, QUE LO QUE ESCRIBE ES CIERTO , PERO MUY MUY CIERTO Y QUE LE COSTABA PEDIR.

YO ME SIENTO UNA PREVILEGIADA, ME PEDISTE, Y ME DISTE, GRACIAS AMIGO- DEJANDOME HACER HE APRENDIDO LA LECCION MAS DURA Y MAS BONITA DE MI VIDA.-

TE QUISE , TE QUIERO Y TE QUERRE TODA MI VIDA.-

ISABEL