lunes, 14 de mayo de 2012

UN GLOBO, DOS GLOBOS


La burbuja inmobiliaria no es la única burbuja que ha explotado. También ha explotado la burbuja de la codicia empresarial, la de la acumulación y concentración de la riqueza. Las condiciones del mercado han obligado a unos cuantos multimillonarios a reconocer que la vaca ya no da tanta leche ni de tanta calidad como antes. Para que las grandes corporaciones puedan subsistir no basta con despedir a los trabajadores. Eso es tan fácil y ruin a corto plazo como ineficaz a largo plazo. Ahora los propietarios de las multinacionales tienen que ser más honestos con el precio de venta de sus productos, una variable que, a la vista de los descuentos que se ofrecen en la actualidad, demuestran la hinchazón de la avaricia en la que andaban inmersos. Los consumidores, gracias a la información que circula por internet, saben cuáles son los márgenes reales de los productos y evalúan con mayor conocimiento de causa el verdadero valor de cada euro que están gastando.

Trabajé seis años en una multinacional y tengo varios amigos y conocidos que corroboran conmigo esta tendencia. Algunos directivos (en línea con lo que hacen la mayoría de políticos) tratan de esconder la realidad a sus propietarios con cuentas maquilladas o mensajes incompletos, pero quienes juegan limpio con sus accionistas emplean todo su talento en convencerles para que reduzcan la velocidad de sus ordeñadoras y que les den los recursos necesarios para adaptar su oferta comercial a este nuevo consumidor con pocos recursos que paga muy alto el precio de convertirse en usuario de su producto. Algunos lo llaman consumidor responsable. A mí me gusta llamarlo consumidor consciente.

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