domingo, 4 de marzo de 2012

LA JOYA DE LA CORONA


Algunos de los detractores de Twitter dicen que ellos nunca pertenecerán a esta red social porque no quieren caer en la tentación de perder los nervios y dejar constancia escrita de un pensamiento visceral. Este comentario me sorprende. Porque si hay algo que me gusta de Twitter, que, dicho sea de paso, no es mucho, es la posibilidad de acceder a las bambalinas de las personas que sigo. De saber qué piensan acerca de los temas de actualidad, de presenciar sus reacciones frente a determinadas situaciones, de curiosear sobre el tipo de personas que les gusta seguir.

En un mundo tan pulcro y superficial, valoro la valentía de algunos políticos, periodistas o artistas en dejarse ver, en dejarse oír. Aunque sea de 140 caracteres en 140 caracteres y aunque sea de puntillas. Ya que no tengo la posibilidad de conocerlo cara a cara, este medio digital me permite matizar el perfil del personaje y acercarme un poco a la persona. Es, en verdad, o puede ser, un arma de doble filo. Claro. Al sacarse el maquillaje y desvelar manchas y arrugas uno corre el riesgo de causar decepción, desapego o, en el peor de los casos, rechazo. Pero también hay otro tipo de reacciones, como el interés o la admiración. En mi caso, prefiero las personas sin Photoshop, tal y como salen en la foto original. Y en Twitter, a veces, encuentro esas confesiones que sólo se hacen cuando estamos atrincherados detrás de la pantalla.

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