miércoles, 29 de febrero de 2012

LA PRIMERA PIEDRA


Entiendo la influencia que ejercen sobre nuestra confianza los diferentes chascos que vamos pisando a lo largo del camino. Entiendo la dificultad en volver a creer en alguien que hasta ayer era un referente moral y que hoy, sin saber cómo ni por qué, se ha disfrazado de negro para aliarse con las fuerzas del mal. Entiendo la suspicacia que florece en nuestra piel a medida que vamos subrayando en nuestro inconsciente las historias de traición y desengaño que llegan a nuestros oídos. Entiendo la precaución que rige nuestra iniciativa cuando se trata de abrir las puertas de nuestra casa o nuestra alma. Entiendo la blancura de nuestras interacciones sociales para tratar de esconder el arco iris de nuestra esencia y evitar caer en las redes de algún malhechor. Todo esto lo entiendo.

Pero, ¿qué ocurriría con la humanidad si todos siguiéramos este patrón? ¿Qué pasa con la presunción de inocencia? ¿Dónde están las segundas oportunidades? ¿Qué vida estamos eligiendo cuando siempre nos atrincheramos en la retaguardia a la espera de que alguien nos enseñe el color de su bandera? ¿Qué confianza puede generar una persona cuya carretera principal de comportamiento es la desconfianza? ¿Qué nos pasa o qué queremos evitar cuando preferimos atender y entender los indicios del exterior antes de profundizar en las causas interiores que promueven nuestros recelos? ¿Que tipo de persona estamos siendo cuando nos cerramos al contacto genuino y vivimos en un estado de alerta permanente?

Como me dijo ayer un buen vecino, en referencia a otro tema, 'Si no lo pruebas, nunca sabrás'.

No hay comentarios: