lunes, 23 de enero de 2012

CICATRICES DEL FUTURO


Veo la entrevista a una víctima de ETA que acaba de recibir una carta del terrorista que se llevó la vida de su hijo hace más de veinte años. La mujer se muestra fría ante esta iniciativa y así se lo hace saber al periodista. 'Este señor dice que siente el dolor causado -explica con lágrimas en los ojos- pero no leo por ninguna parte que pida perdón o se arrepienta de su acto criminal'. 

Me pregunto qué hubiera pasado si el delincuente hubiera pedido perdón. Vaticino una actitud igual de indiferente. Por más que se haga o se diga, el hijo permanecerá bajo tierra. Y, junto a él, la paz que necesita la madre para vencer la angustia y llegar a perdonar al asesino. Porque, como dice Clarissa Pinkola en su obra maestra 'Mujeres que corren con los lobos', el perdón es fundamental para sobreponerse a los traumas, pero hay personas que sufren abusos tan abyectos y viven situaciones tan inhumanas que son incapaces de perdonar por completo.

Madres enfermizamente posesivas, padres maltratadores, amigos inquisidores, crímenes de guerra, ... La sanación emocional de un hecho provocado por un tercero, a mi modo de ver, no pasa por el perdón de éste, sino por nuestra capacidad para pasar página y perdonarlo. En el primer caso, estamos poniendo nuestro futuro en la bandeja del otro. En el segundo, somos nosotros quienes tomamos las riendas de nuestra vida y nuestro bienestar.

No hay comentarios: