martes, 1 de noviembre de 2011

TRANS


En un sorprendente documental sobre intersexualidad, descubro la abominable prepotencia que pueden albergar algunos médicos para decidir amputar partes de los órganos sexuales de niños recién nacidos cuyas gónadas se han desarrollado a caballo entre las masculinas y las femeninas, sin un predominio claro de ninguna de las dos.

Ajenos al futuro desarrollo de la identidad sexual de esa persona y, peor, a las consecuencias que acarreará esa mutilación, estos próceres de la ciencia se arman de bisturíes bien afilados y de razones inexistentes para convertirse en dioses de la deshumanización.

Escucho la voz de esas víctimas y me quedo cabreado con la maldad que puede albergar el ser humano con su obsesión por ubicar al prójimo en una casilla, en una norma, en una creencia, en una tradición, ... En definitiva, en una cultura.

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