sábado, 7 de mayo de 2011

A VECES VEO TUERTOS


Ser genuino, a veces, implica pensar, decir o hacer cosas contrarias a lo que piensan, dicen o hacen aquellas personas que nos rodean. Este acto de reivindicación personal puede ser muy efervescente cuando lo que estamos rebatiendo son los pensamientos, las palabras o las conductas que hemos recibido de nuestros padres. Una de las creencias que puede ser muy perniciosa para nuestro bienestar es pensar que a un padre o a una madre no se la puede confrontar o contradecir. Cuando está en juego nuestra armonía o nuestra autoestima, no hay lazo de sangre que valga.

Ahora bien, que se pueda contravenir a un padre, no significa que sea tarea fácil. Precisamente, porque ha sido ese padre o esa madre la que ha inculcado la creencia maldita, ésta permanece en el inconsciente del hijo condicionando su libertad. Y no sólo la creencia, los padres también se valen de la emoción asociada a esa creencia para controlar el orden filial. ‘Te querré si haces lo que yo te diga que hagas’. Esta frase tan totalitaria caricaturiza el precio que algunos padres cobran por el amor que les dan a sus hijos. Probablemente nunca la verbalicen así de clara, pero eso no significa que, de forma consciente o inconsciente, la utilicen para chantajear emocionalmente a su prole. Poco a poco, a base de recompensas y castigos, algunos padres se escudan en el amor para inculcar en silencio esta barbaridad contranatural a sus hijos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=GwFUPARx3cw&feature=fvst

Francesc Granja dijo...

Gracias por el enlace, Anónimo. Muy conmovedor.