domingo, 3 de abril de 2011

Y TODO A MEDIA LUZ, CREPÚSCULO INTERIOR


Explica el reportaje que Buenos Aires es la ciudad del mundo con mayor número de terapeutas per cápita. Uno de los protagonistas de la cinta tiene veinticinco años y ya acumula cinco de psicoanálisis. ‘Mi madre se psicoanalizó durante treinta años, mi padre estuvo veinte años y mi hermano lleva diez años de terapia –explica este joven-, por eso cuando me dejó la novia todos me recomendaron que fuera a un psicoanalista’. El chico está compaginando los estudios de periodismo con pequeñas incursiones en el mundo literario y, preguntado al respecto, declara que le gustaría seguir psicoanalizándose durante toda su vida. ‘Probablemente, es lo que también espera su terapeuta’ –malpensé.

Hay algo en este tipo de terapia que me chirría. Quizás tiene que ver con la interpretación acerca de la finalidad de un proceso terapéutico. Para mí, por ejemplo, además de bienestar, una conversación debe proporcionar autonomía a la persona que viene a conversar. Los terapeutas que consiguen mejorar la calidad de vida psicológica de sus pacientes sólo cuando éstos los visitan semanalmente durante años me generan dudas, me incomodan. Si hago memoria, desde que empecé como coach, no ha habido ningún proceso que durara más de una docena de sesiones. No me imagino haciendo conversaciones genuinas durante treinta años con una persona. A menos, que hayamos convertido nuestro espacio conversacional en una amistad.

2 comentarios:

Caba Robletto dijo...

No te extraña Francesc, en el fondo La Comunidad, desplaza a la religión, basicamente de corte cristiano; el acto de confesión, el que escucha es el sacerdote, en nuestros tiempos y por lo antes comentado la figura del psicoanalista en parte sustituye a la creencia católica.

En el fondo hay más comunicación artificial, pero más superficial, se busca el mínimo esfuerzo y el no pensar desde afuera hacia dentro, queda un espacio vital la amistad y el amor, ambos complemento del concepto asertivo.

Abrazos y saludos, Ramón.

Francesc Granja dijo...

Ramón, estoy totalmente de acuerdo contigo. Parece que nos dé vergüenza exponer públicamente nuestros miedos, sentimientos, emociones, ...