viernes, 11 de marzo de 2011

¿LA NUEVA INQUISICIÓN?


Tengo la impresión de que en nuestra sociedad occidental estamos dando demasiada autoridad a la ciencia. Todo aquél fenómeno que no pase la prueba del método científico, o no existe, o, peor, no tiene credibilidad ni para los medios de comunicación ni, por su puesto, para la comunidad científica. La ciencia es sabia, sí pero no es infalible y, mucho menos, omnipresente. Hay decenas, centenares de ejemplos que prueban esa infalibilidad. Hoy se publican los resultados de un estudio que contradice lo que hasta esa fecha se consideraba una verdad inamovible y, mañana un nuevo estudio refuta todo lo escrito y probado hasta ahora. Y, cuando eso ocurre, a nadie se le pasa por la cabeza cuestionar el método.

Hace varios años, Bárbara Arrowsmith fundó una escuela especializada en desarrollar habilidades de aprendizaje para niños y niñas con dificultades para seguir el ritmo de estudios que impone el sistema educativo. Su teoría, basada en una experiencia personal, es que el cerebro se puede cambiar a base de un entrenamiento específico. Fue una de las primeras personas que, sin ser científica, habló de la plasticidad cerebral. En un reportaje se muestra el paso de cuatro niños por la escuela así como el tipo de ejercicios que contiene el programa. En él, se entrevista a una neurocientífica que tacha a Arrowsmith y su metodología de fraude. A la señora en cuestión, la opinión de los centenares de niños que lo validan no le sirve para nada si no sale una manchita en un escáner cerebral que pruebe que aquello es cierto.

En 1633 Galileo fue condenado a prisión por decir que la Tierra giraba alrededor del sol, contradiciendo a la iglesia que pensaba justo todo lo contrario. Ahora, los papeles se han invertido y son algunos científicos los que hacen de inquisidores y condenan con los dardos del desprestigio el trabajo de aquellas personas que se atreven a salir del redil.

Grrrrrrrrrr.

1 comentario:

Luis Oiarzabal dijo...

Cualquier cambio propuesto, exige un cambio de los demás y los demás normalmente no están dispuestos a cambiar. Unos porque ya les va bien como estaba, otros por miedo, otros por la razón que sea.
Cuando proponemos o ejecutamos un cambio, tenemos que saber que siempre habrá gente que no esté satisfecha con este. Es el precio y el premio del que va dirigiendo su vida.